Pasados los cuarenta, es momento de dedicar algún tiempo -no mucho-, a reflexionar sobre las cosas que me gustan. La vela me gusta, y su irrupción en la vida social y económica valenciana tiene muchas trascendencia, aunque no siempre se hagan bien las cosas.
¿se pueden cambiar las cosas? no lo sé, pero lo que está claro es que las aportaciones que cada uno podamos hacer, acertadas o no, ayudarán a replantearse las cosas en el mundo de la náutica.
Navegar es lo que cuenta, y para eso hacen falta amarres, rampas de varado, instalaciones públicas económicas, escuelas, educación infantil -tanto fútbol y tanta leche, con un Mediterráneo en las narices-. Viva la Copa América y lo que traiga, pero resulta demoledor pasear por los amarres de la Marina, o por la Marina de Castellón, vacíos. ¿demasiado caros?
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